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La eumetría
corresponde al tamaño medio, que en materia de peso representa para el
caballo criollo 435 kilogramos promedio con lógicas fluctuaciones.
El criollo, producto de una
antigua selección natural hoy controlada por el hombre, pero conservando
intacta su condición básica que es la rusticidad, no puede en modo alguno
considerarse precoz (la precocidad, que es el atributo de las razas
artificializadas y sumamente exigentes en alimentación y cuidados resulta
antagónica con las condiciones básicas de sobriedad y rusticidad
que caracterizan al criollo).
En este caballo hay
calidad porque en él existe una verdadera belleza zootécnica
que es la armonía entre conformación y función.
Y hay rusticidad
entendiéndose por ella la condición que le permite adaptarse a la vida y
trabajo al aire libre aún en medios desfavorables.
Si individuos de una raza
nacida y criada al amparo de zonas templadas favorables como es el caso
del criollo en la Argentina donde más del 90 % de las cabañas se asientan
en la pradera pampeana, son capaces de adaptarse a situaciones ecológicas
diametralmente opuestas, como podrían ser las de la franja subtropical de
nuestro país o los climas fríos de la Patagonia, no cabe duda alguna de
que estamos en presencia de una raza de probada rusticidad.
El criollo, muy musculado,
modelado en fuerza pero rápido y ágil en sus movimientos, pese a su poca
alzada, su tronco relativamente inmenso y su silueta ligeramente alargada,
es esencialmente un caballo de silla.
Tal vez no lo sea en el
actual concepto europeo o deportivo, pero en el americano del trabajo de
silla, es decir del trabajo ganadero, lo es incuestionablemente.
Y es también esta
conformación, la de un mediolíneo modelado en fuerza, la que al bajar su
centro de gravedad y modificar así el ángulo de impulsión, da al criollo,
unido a la estructura de sus remos, su extraordinaria agilidad, la
facilidad y seguridad de sus desplazamientos laterales y su “pique”
(velocidad en cortas distancias).
Finalmente otras de las
bondades comprobadas de la raza son su fertilidad, longevidad,
prolongada vida útil y capacidad de conversión de alimentos.
La eficiencia del caballo
criollo en las múltiples tareas diarias del campo es indiscutible: no hay
caballo que lo iguale. |